Una de las diferencias primarias entre aquellos que alcanzan sus objetivos en la vida y aquellos que se las ingenian sólo para “sobrevivir”, consiste en que la gente exitosa aprende temprano en la vida a ser triunfador y desde chicos son responsables de sus propios actos. Nadie te puede convertir en exitosa o en desistir de tus sueños sin tu aprobación. Tomar la iniciativa significa asumir un papel de liderazgo y una posición de autocrítica. El buen líder es aquel que comparte el crédito del éxito con los demás y que asume por completo la responsabilidad por fallas y fracasos temporales. Cuando aceptas la responsabilidad de tus acciones, te ganas el respeto de los demás y estás en el camino de construir para bien tu propio futuro.

 
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